amigo-de-las-estrellas
Estan abrazados,el entierra la cabeza entre el hombro y el cuello de ella,se abrazan suave,pero se nota que se han echado de menos,no expresan demasiado con la cara de hecho pareciera que tienen la cara triste eso es porque si sonrieran en proporción a lo que sienten en ese momento no les cabria la boca en la cara,pero se nota en las manos estarían agarradas a la espalda,si la espalda fuera algo agarrable porque no lo es,es plana,al menos la mayoría de ellas,siguen abrazados,no se dan besos babosos y ostentosos como la mayoría de las parejas que hay allí solo se abrazan y se recrean en el abrazo,lo aprovechan. Al cabo de mucho rato se separan y se miran,se miran despacio a los ojos ; es complicado entender el concepto de mirarse despacio,incluye un tiempo indeterminado,dos pares de ojos y dos personas que se miren despacio,se miran,se miran sin palabras porque no las necesitan,no tienen nada que decirse,al menos nada que se pueda decir con la voz porque están hartos de etiquetas porque NO SON NOVIOS,a ella le gusta estar con el y a el le gusta estar con ella,les gusta mucho estar con el otro y punto. Se vuelven a abrazar,un poco menos suave,cierran los ojos y los puños,es un abrazo un poco mas corto que el anterior pero mas intenso. Se vuelven a mirar despacio el uno al otro luego miran despacio hacia adelante se cojen de la mano,suave pero con fundamento,no ostentosamente como el resto de las parejas que allí hay,se cojen de la mano como si tuvieran ochenta años y como si se conocieran hace setenta y empiezan a caminar,no importa a donde caminan solo que caminan juntos.
karlacastellanos

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Ahí estaban a punto de decir “adiós”. Sí, adiós, porque sabían que no volverían a verse.

Volvamos unos días atrás, era un lunes y llovía en el momento que los presentaron, ambos sonrieron y cruzaron un par de palabras durante la cena. Luego ella partió a su casa y él al hotel dónde se hospedaría.

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Qué difícil es seguir adelante a veces… esos días en los que te despiertas y es imposible sonreír, y mucho menos de hacer sonreír a los demás. Te preguntas el por qué de infinidad de cosas y el cielo pacta con la tristeza para que ese día no levantes cabeza. Es como si dieras por hecho que tu misión aquí en la tierra se ha acabado ya, has cumplido; Has venido a hacer feliz a un puñado de gente y a ti que te den. Ya puedes irte. Te pagas tu mismo el billete de ida a otro mundo en el que alguien sea capaz de mirar un poco por ti, ese billete que muchos han intentado reservarte de una patada en el culo, de unas gracias que nunca escucharás y de un sin fin de favores y abrazos que jamás te devolverán. Parece el telón de la vida, el fin de la función. Te das cuenta de que todo aquello que construiste ya no sirve de nada, porque no hay nada, no queda nada por lo que luchar. El sol seguirá saliendo y tú te levantarás (o te acostarás, si es que has conseguido dormir después de todo) con esa cara de asco a la que un día renunciaste. Es imposible. Imposible no preguntarse por qué, no ponerse el puñado de canciones que te hacen pensar en lo triste que es todo a veces. En lo poco que has sido valorado y en todo aquello que has luchado… para nada.

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Y entonces pasa que todos tomamos malas decisiones, pasa que a veces nos sentimos como víctimas y las personas a nuestro alrededor alimentan ese sentimiento; llegamos al punto de creernos nuestras propias mentiras, y un día algo cambia, porque déjenme recordarles que todo en esta vida se paga. Entonces llega ese día en que la vida empieza a cobrarte y tú vuelves a tomar el papel de víctima ¿por qué a mi?, ¿qué hice para merecer esto? Aunque en el fondo lo sabes, pero no lo admites.
Llegará un día en que el dolor será tanto y estarás tan cansado de mentirte a ti mismo; llegará un día en que admitas y digas en voz alta “fue mi culpa, si pudiera regresar el tiempo haría las cosas bien” y hasta imaginas como sería, te imaginas como tu vida sería mejor si hubieses tomado otra decisión, si no hubieras sido egoísta, si hubieras pensado en los sentimientos de los demás. Llega ese momento y te das cuenta que si ahora sufres es porque tú te lo buscaste, y lloras y pides una segunda oportunidad para hacerlo todo bien, pero ¿lo haces por los motivos correctos?, ¿piensas en el dolor de las personas a las que lastimaste o solo piensas en el dolor que tú sientes ahora? Ya no hay necesidad de mentir, el daño está hecho y regresar el tiempo es imposible, pero si acaso aprendiste algo de esta experiencia, regresar el tiempo es algo que no necesitas.
Edimar HerCor (via cartas-a-destiempo)